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Clara Gil nos hizo soñar, tocar y volar

En los pueblos es más fácil conocer las dos partes de esas personas que trabajan con la cultura: la humana y la artística. Antes del concierto ‘Soñar, tocar, volar’ pudimos ver a Clara Gil, la humana, en el coche, yendo a casa para prepararse e ir corriendo a su cita con el arte. Esa Clara Gil es tan humana que sonríe a cualquier persona y se para aunque sea un segundo a hablar contigo, lo que da muestra de su simpatía y su preocupación por la sociedad que la rodea.

Antonio José Ruiz Alguacil nos sorprendió con sus actuaciones / Fotografía: Juanfrancisco Fernández de Géant para Diario7D

A Clara Gil, la artista, pudimos verla ya en la Casa de la Cultura de Cehegín. Después de que se abriera el telón y el actor Antonio José Ruiz Alguacil nos sorprendiera con un texto y una actuación que nos dejó sin palabras, apareció nuestra protagonista. Una decoración minimalista pero precisa acompañaba el escenario, el juego de lámparas y luces anaranjadas cubrían su atmósfera con tonos anaranjados de paz y de bienestar. Un foco iluminaba a Clara Gil, la directora, la músico, la artista, en el centro de todo lo importante, a punto de mover la batuta para presentar por primera vez una obra realizada enteramente por ella misma.

Durante una hora y algo más, lo que sucedió en el escenario nos dejó a todos boquiabiertos. Cada pieza de Clara se alternaba con un texto en la voz de Antonio José, textos que contaban mucho sobre la pieza que iba a ser interpretada. Y después de estas lecturas, soñamos, tocamos, volamos… Soñamos con estar en esa España árabe que pone en su obra con rasgos típicos de esa música oriental de las cabilas, tocamos el alma de la música hecha con pasión, volamos hacia nuevos mundos y horizontes nunca antes vistos.

Como bien nos dijo Clara en esta entrevista, pudimos escuchar 6 historias de 6 personas. Son 6 historias que dan un paseo por la memoria y la historia de nuestro país, no sólo política y socialmente, sino también musicalmente. Una de las partes que más me impresionó tenía de protagonistas tres instrumentos: el piano, el saxofón soprano y el bajo (tocado por la propia Clara Gil), acompañados puntualmente por algo de percusión, mientras el resto de la orquesta estaba en silencio.

La última de las historias, su propia historia, sonó con especial intensidad, las facetas de Clara Gil se mezclaban en el escenario, artista y humana, vimos a una mujer fuerte, emocionada con su trabajo, alegre y sobrecogida por haber conseguido llevar su propia música en un escenario donde le esperaba su pueblo, su gente.

Los últimos compases de la historia de Clara dieron paso a una gran ovación y en ese momento surgió la solidaridad como tema estrella de su trabajo. Clara reparió unas tarjetas con corazones y pidió una acción solidaria a los allí presentes. Dice que lo hará tras cada concierto, con acciones diferentes, pero siempre enfocadas hacia la solidaridad, a la acción social.

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