Juan de la Cruz Raja

LA ALHAMA DE MUR… FY

Licenciado en Filosofía por la Universidad de Murcia

Ya han pasado cerca de dos años desde que el artista Murfy pintó la pieza “Sabor a Guernica” en Alhama de Murcia, su localidad natal. Es un mural realizado en tonos azules, junto al mercado de Abastos, que llama la atención sobre la importancia del comercio de proximidad. Este trabajo lo realizó tras su regreso, después de un largo periodo entre estudios y trabajo en la ciudad de Murcia, donde este artista alhameño decoró gran parte de conocidos locales de Ocio del centro, transformándolos con su visión particular e innovadora. “Sabor a Guernica” no era su primer mural en gran formato, pero fue el desencadenante para que en Alhama se comenzara a apostar por este tipo de propuestas reacondicionando y decorando el municipio.

Ya son casi seis los murales que ha pintado, y digo “casi” porque falta rematar uno que seguramente dejará huella, por sus dimensiones y la temática que ocupa: El Quijote. Es una gran pintura que va a vestir los muros que delimitan el “Jardín de Cervantes”. En el resto de murales, todos acogidos con entusiasmo por los vecinos, se puede ver una evolución propia de técnicas y materiales utilizados y, además, es tal su diversidad, en cuanto a paisajes, textos, ilustración, minimalismo…, que parecen pintados por diferentes artistas.

La última pieza que terminó este artista, con motivo de las fiestas populares conocidas como “los Mayos”, es la que tiene a todos los vecinos del pueblo encandilados. Se trata de una niña de 14 metros de altura engalanada con el traje típico de dicha festividad y que está acompañada de un abejaruco, ave colorida que proviene del norte de África y que anida en las salinas de la zona. Desde el mismo momento en que se acabó la obra, todos supimos que, desde ahora, la imagen de “Los Mayos” va a estar ineludiblemente ligada a esta niña y la alegría que transmite.

Desde hace dos años el pueblo ha cambiado. Ciertos rincones de las calles se han embellecido y tienen un color distinto, gracias a estas propuestas que han dado lugar a que, en la localidad, se haya generado tanto un concurso mural como talleres y que, además, ya estén apareciendo nuevos artistas emergentes que nos ofrecen una nueva perspectiva de lo que es pintar en las paredes de la calle, sin que los vecinos tengan miedo a que se afeen los barrios, sino todo lo contrario.

Sin duda, la importancia de estas obras, la belleza de la que dotan a la localidad y el respeto que infunde su ejecución, se revela en un hecho anecdótico, pero no por eso falto de importancia: los grafiteros esporádicos, esos que estampan su “firma” o aprovechan las paredes para lanzar mensajes contra sus “ex”, se guardan de afear las obras de Murfy, las dejan intactas y utilizan otras paredes para estampar sus “inquietudes”.

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