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Mozos de Escuadra “odiados” por ‘todos’

Después del 1-O de 2017, el personal de base de este Cuerpo policial vive al límite en sus relaciones con la sociedad, sus mandos policiales y políticos.

Desde la aplicación del afamado artículo 155 de nuestra Constitución, el Cuerpo de Mozos de Escuadra ha vivido tres destituciones del mando máximo operativo:

La primera afectó al Mayor de dicho Cuerpo, José Luis Trapero, hombre cuyo proceder fue calificado por sectores del mundo policial como “más que profesional, es un perfil político”. En unos meses será juzgado por sedición en la Audiencia Nacional por los hechos ocurridos en el mes de septiembre de 2017 de asedio a la comitiva judicial de la Guardia Civil y por el 1-O;

La segunda le tocó al comisario Ferràn López, escogido para sustituir a Trapero por el entonces ministro del interior Juan Ignacio Zoído tras la entrada en vigor de los correspondientes Reales Decretos para la intervención de la autonomía catalana después del 27 de octubre del 17, con un perfil de marcado carácter profesional, “alguien que es más policía que político”, se dijo entonces en la cúpula de Interior comandada por Zoído. La destitución de López por parte del nuevo gobierno de la Generalidad, una vez recuperada la autonomía, fue muy criticada por buena parte de los mozos, que no veían necesario, ni mucho menos deseable, el relevo operativo del mando;

La tercera la soportó el comisario Miquel Esquiu, que duró 11 meses en el cargo de máxima responsabilidad que ostentaba López, después del Director, del secretario general autonómico de interior de la Generalidad y del consejero de dicho departamento de interior. Esquiu fue a reunirse con el consejero de interior, Buch, para organizar los nuevos destinos que debían ocupar los nuevos 8 comisarios de los mozos, y fue en ese momento cuando conoció de primera mano su destitución del mando del Cuerpo, por el comisario Eduard Sallent, precisamente uno de los 8 nuevos comisarios recién ascendidos -en círculos del Cuerpo, es otro de los mozos de un carácter más político que policial, por su conocida militancia del independentismo catalán-.

Con este desbarajuste en la cúpula de los Mozos de Escuadra, con depuraciones en los mandos de la BRIMO (Brigada Móvil), con la lupa siempre puesta por parte de los mandos políticos, y no políticos, en su actuación -con amenazas de investigaciones de la División de Asuntos internos-, el claro desafío político e institucional que muestran el presidente regional Torra y sus consejeros, junto a buena parte del Parlamento autonómico, los grupos organizados autodenominados “CDR”, asociaciones independentistas como la ANC y OMNIUM cultural, y otras asociaciones del mismo carácter en Cataluña, lo que es la base policial del Cuerpo de Mozos -mozos rasos, cabos, como buena parte de la escala media entre sargentos y subinspectores-, se encuentran al límite en su profesión.

La última que se les ha venido encima es la semana dura que han tenido que conllevar desde el 14 de octubre hasta el 19, junto a la magnífica ayuda del Cuerpo de Policía Nacional, de los altercados y violencia independentista desatada tras la sentencia del Tribunal Supremo por el “juicio del 1-O”. Con la intervención y puesta a punto finalmente del orden público, cuyas competencias tienen los mozos delegadas por ley, estos miembros de base de la corporación se encuentran en sus horas más bajas, moralmente hablando. Muchos de ellos se encuentran emocionalmente desesperados por el odio y desprecio que deben soportar por parte de los sectores independentistas -dentro también del Cuerpo-, más radicales o no, y por el sector de la población que es constitucionalista.

Como relata El Mundo sobre cinco miembros del Cuerpo, adjetivos como “fils de puta” es lo mínimo que tienen que aguantar en su día a día de servicio. La colaboración con la Policía Nacional los seis días más duros que ellos recuerdan de disturbios, incendios, ataques con piedras o adoquines, fuerte pirotecnia lanzada contra ellos, bandidaje organizado, órdenes políticas de “contención” y “dejar hacer” a la “ciudadanía en protesta”, saqueos a comercios, etc., les ha hecho llegar a un nivel emocional de hermandad entre ambos Cuerpos policiales. “Antes nos saludábamos como compañeros, ahora nos abrazamos”, dice uno de los mozos en la crónica.

Estos “disturbios” ha servido para que la relación profesional rota vuelva a estrecharse después de la fuerte desconfianza que trajo la dejadez y pasividad que los mozos de escuadra manifestaron, sino ejecutaron, aquel domingo 1 de octubre del año 17 con el referéndum ilegal, cuando dejaron abandonados a su suerte a la Guardia Civil y Policía Nacional, llegando incluso a facilitar emboscadas de independentistas en los colegios electorales, o enfrentándose/entorpeciendo mozos contra policías o guardias civiles.

Torra anuncia en el parlamento de Cataluña depuraciones y sanciones

Si lo ya dicho es estrenaste y agobiante para estos profesionales del orden público, el anuncio del presidente Torra en el parlamento catalán en la sesión de esta semana del control a su gobierno de la apertura de investigaciones a los participantes de la Brimo, es el colmo para este Cuerpo, cuyos principales sindicatos de policías de Cataluña denuncian como “persecución”: “alientan a la gente a protestar contra la sentencia del Tribunal Supremo, y cuando la situación se les va de las manos, nos llaman para arreglarlo. Una vez devuelta la normalidad ciudadana, después de soportar que nos persiguieran los violentos con ataques con cócteles molotov, piedras de grandes dimensiones, artículos de pirotecnia de enorme potencia, incendios y demás, a ver a compañeros nuestros heridos de diversas consideraciones, ahora tenemos que aguantar la persecución política”, lamentan.

“Somos carne de cañón”

“Hemos visto cómo ciudadanos se han acercado a la comisaría superior de Policía a regalar flores, bombones, vítores y ánimos a los miembros de la policía nacional, y al vernos a nosotros ni una palabra. Nos dan la espalda. Y luego a lo mejor llega un indepe, pasa a nuestro lado y te suelta el fils de puta. A nosotros nos odian todos. Nadie nos quiere”, expresan con desasosiego algunos miembros del ahora incipiente denostado Cuerpo de Mozos de Escuadra.

“Los indepes nos tiran huevos, hace dos días nos pincharon las ruedas del coche, es una locura… Aunque la verdad a los Mossos, en Cataluña, sólo se nos ha querido durante los dos meses posteriores a los atentados de la Rambla (de agosto de 2017, con 15 muertos y 131 heridos). Siempre nos han combatido, nunca nos han sentido como en casa. Ahora que todo el mundo es facha, nosotros fuimos los primeros fachas, jeje”, comenta uno de los mozos que denuncian la situación actual.

Los Mozos de Escuadra es un Cuerpo de seguridad pública con unos 16500 miembros repartidos por toda la geografía catalana con evidentes signos de división interna por cuestiones políticas: “en el área metropolitana de Barcelona, apenas un 20% de los agentes serán indepes. Pero si te vas al entorno rural, es un 80-90% fácilmente, porque su entorno es así. Eso sí, los mandos son elegidos a dedo, con sesgo político. Y ahí empiezan los problemas”, manifiestan los agentes constitucionalistas.

Cada día estos agentes lidian con la seguridad ciudadana, a su cargo en primera instancia, y con los señalamientos y acoso político de entre sus compañeros independentistas, cerrando su denuncia en el anonimato para evitar represalias con “no hay ninguna esperanza, ninguna. Desde que vimos  al presidente de la Generalidad en una de las marchas, supimos que desde Madrid se permitió eso, está claro que han cerrado los ojos”.

 

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